La vida es un verdadero paseo, no necesariamente tiene que gustarnos. He visto como la gente gasta su tiempo en cosas sin sentido. Pienso que eso es lo que llaman albedrío, es decir, cada quien hace lo que le place porque tiene la capacidad de elegirlo. Muchas veces me he sentado a reflexionar acerca de ese tema tan complejo y me duele la cabeza. La gente escribe del tema desde su punto de vista y se olvidan de los demás, como si eso fuese la verdad absoluta de las cosas. También, tenemos el caso de los padres, que sueñan muchas veces en que sus hijos cumplan sus sueños y se olvidan de pensar qué desean ellos en su corazón. Otra cosa bien graciosa es el tema de las celebridades, se la pasan de un lugar a otro corriendo de los paparazzis ávidos de vender sus vidas en fotografías para satisfacer el morbo de los fans; critican si se divorcian o si se casan, si están gordos o bajaron de peso, si se pusieron un traje comprado en remate o de diseñador, si beben o si tienen una caída en público, en fin, todas aquellas tonterías que suceden en nuestra vida y a nadie le importa.
Decía que es un paseo porque desde que nacemos es como un boleto que compramos en un bus de esos de "Hop on - hop off"; podemos hacer las paradas que queramos y subirnos nuevamente para finalizar el recorrido. Nuestro cristal a veces está un poco empañado y no vemos con claridad las cosas, entonces decidimos subir al nivel superior, que muchas veces está abarrotado de gente y mojado, pero que nos deja ver las cosas mejor. La vida tiene muchas sorpresas a la vuelta de la esquina, nos da, nos quita, así es ella.
Una mirada al horizonte nos da la perspectiva de lo que queremos alcanzar. muchas veces nuestras metas se ven tan distantes, tan inalcanzables que nos decepcionamos, pero no debemos perder las esperanzas. Otras maneras de asumir la vida con valentía es enfrentar nuestros temores más ocultos y vencerlos. En innumerables veces el peor enemigo del ser humano es él mismo, pareciera que naciéramos con un chip incorporado en nuestras mentes que nos induce a la autodestrucción. Por eso vemos que la maldad va acrecentándose día a día.
El individuo necesita sentarse a reflexionar. Este es un mundo en el que la reflexión no es un ejercicio, sino que el automatismo en masas es la premisa. Parece que hubiese un cerebro manejando los hilos de cada uno, cual marioneta. Vivimos pendientes de usar la última moda, que de paso es para gente anoréxica ; de usar el automóvil más fashion, pero nadie nos enseña el valor y la fuerza que tiene un individuo en su interior. La capacidad de creación de nuestra internalidad es muy grande, nos remueve, nos comprime, nos impulsa, nos ataca; nadie sabe como controlar la real naturaleza del hombre.
Quisiera que pudieramos ver en nuestro interior y mostrar al mundo del material que estamos hechos. No solo somos carne y hueso cubierto de diseñador o de ropa barata, con coche nuevo o viejo, somos un espíritu envasado que tiene la capacidad de crear vida a su alrededor si nos lo proponemos.